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Guerra estúpida

José Luis Castillo | 11/14/2011, 11:36 a.m.
Guerra estúpida

El narcotráfico en México siembra de cadáveres las transitadas calles de varias ciudades mientras el gobierno ordena el despliegue de fuerzas militares para tratar de contrarrestar la ola de violencia que azota a ese país.

El presidente Felipe Calderón trata por todos los medios de disminuir las fuertes críticas que lo señalan como el gestor principal del caos que se vive y de no poder controlar la violencia generalizada de los cárteles, a pesar de las promesas que hizo a sus compatriotas hace casi cinco años.

“Nunca abandonaremos a los mexicanos a su suerte, menos por temor o por claudicación. El estado tiene por deber enfrentar integralmente el problema de

a criminalidad”, dijo Calderón en un discurso que hoy tiene más ecos porque recuerda que el dolor continúa y avanza como una plaga.

Decenas de cuerpos mutilados aparecen en las calles cuyos pavimentos sucios están llenos de sangre inocente. También hay sangre desparramada de los que son víctimas de venganza y enfrentamiento entre cárteles de la droga.

Hay otra porción que muere por causa del escarmiento, como sucedió con el reciente asesinato de la periodista María Elizabeth Macías, conocida en las redes sociales como “la nena de Laredo”. Ella era la responsable de un foro en el que se denunciaban puntos de venta de drogas, casas de seguridad de los narcotraficantes y donde se habilitaba un canal para denuncias anónimas.

El cartel de Sinaloa y La Familia Michoacana, por ejemplo, controlan varias partes del país como si se viviera en una época pretérita en donde existían señores feudales. Parece que existe un gobierno paralelo y la gente se da cuenta de eso.

Y aunque varios capos han sido apresados o muertos en operaciones militares, los cárteles siguen siendo invulnerables. Tienen una presencia muy fuerte en lo que es la vida diaria mexicana.

El crimen organizado está infiltrado en instituciones, en organismos estatales y hasta en fuerzas de seguridad. En los últimos dos años, más de 120 soldados de élite del ejército mexicano han desertado y se sospecha que han pasado, muchos de ellos, al otro bando; al narcotráfico.

Ante la incapacidad del estado, han surgido grupos de paramilitares y de autodefensa, decididos con sus propios métodos a frenar la violencia extrema que vive ese país. En los últimos cuatro años, se calcula que unas 35,000 personas han muerto en ejecuciones y enfrentamientos entre bandas rivales y con el ejército mexicano.

México sufre, no hay dudas, y lo peor de todo es que se trata de una guerra estúpida, como la ha catalogado recientemente el escritor y diplomático Hugo Gutiérrez Vega. Para él, el sistema político experimenta una contradicción que sólo se cura con la educación y las oportunidades de una carrera superior para sus habitantes.

Y aunque las palabras de un intelectual suelen quedarse en la esfera de los posibles, es una interesante definición a una guerra que en diciembre cumple cinco años desde que Calderón se la declaró abiertamente al narcotráfico.

No es fácil. Porque ¿qué otra salida hay para acabar con una de las actividades económicas más dinámicas y rentables del mundo?

Por El Editor

jcastillo@semananews.com

Twitter: @jcastillocas

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