Cuando ronda la muerte
Marina Gil | 9/6/2011, 11:34 a.m.
Dos son los casos de reos condenados a la pena capital en Texas que he seguido de cerca, y aunque el desenlace de cada uno fue distinto, ambos fueron llamados por la muerte, quizá porque así estaba ya escrito.
No son casos nuevos, pero sí de los más sonados y que tal vez usted recuerda.
Uno de ellos fue Ángel Maturino Resendiz, el llamado “asesino del ferrocarril”, ejecutado en Huntsville en junio del 2006.
El otro, uno de esos pocos reos absueltos después de 15 años de estar encerrado y programado varias veces para recibir la inyección letal, Ricardo Aldape Guerra, un regiomontano que si bien no murió a manos de sus verdugos, sí falleció en un accidente de tránsito a los cuatro meses de estar libre.
En el caso de Resendiz, el hombre mató a por lo menos 13 personas en diferentes estados del país como Texas, Florida, Illinois y California. Sus víctimas fueron encontradas cerca de las vías férreas, pues se decía que huía a bordo del tren.
Aunque fue juzgado y condenado solo por el asesinato de la doctora Claudia Benton, en Houston, el 17 de diciembre de 1998, Resendiz nunca negó su historial.
Cuando le tocó vivir su propia muerte, todo el día hubo movimiento alrededor de la cárcel de Huntsville, los opositores a la pena capital, los familiares del reo, los de la doctora Benton, periodistas de todas partes y representantes del Consulado de México, porque el gobierno mexicano pedía la cancelación de la pena de muerte alegando que Resendiz no estaba bien de sus facultades mentales.
Tras siete años de encarcelamiento fue ejecutado y -como muchos otros- pidió perdón a los familiares de la víctima antes de que le aplicaran la inyección letal. Afirmó que dejó que el diablo se apoderara de sus actos y le pidió a Dios que lo recibiera, porque ya iba a morir.
El caso Aldape
Ricardo Aldape Guerra fue liberado en abril de 1997 tras 15 años de prisión y tras haber escapado varias veces de morir ejecutado en Huntsville.
Se le acusó en 1982 del crimen de un policía de Houston pero él siempre se declaró inocente, aparentemente hubo irregularidades en el proceso que al final pesaron para que Aldape librara la batalla contra la muerte una y otra vez. De este hombre se hicieron corridos, una película y hasta una telenovela quedó en planes.
El día en que fue liberado, el gobierno de Nuevo León pagó su viaje de regreso y alrededor de la casa de sus padres se reunieron cientos de personas para recibirlo, las calles de acceso a la colonia Moderna tuvieron que ser cerradas por la policía. En unas cuantas horas Aldape pasó a ser el personaje aclamado en su ciudad natal. Después de tantos años de ausencia y encierro se notaba en su rostro lo desubicado que aún estaba, casi no pronunció palabras, solo atinó a subirse al techo de su casa, quitarse la camisa y aventarla a la multitud. Después se encerró en su cuarto, mientras la familia pedía comprensión a los medios que queríamos entrevistarlo. Su libertad lo lanzó a la fama, Televisión Azteca en México lo mandó llamar para hacer una telenovela con su historia, todo se lo ofrecían, en muy poco tiempo ya tenía auto deportivo y un contrato para salir en televisión.
Pero quizá nadie le dio tiempo de asimilar su libertad, todos querían saber más de Aldape y él solo disfrutó cuatro meses antes de matarse en un accidente mientras conducía su auto. Muchos dijeron que quizá ese era su destino del que nadie puede escapar cuando ronda la muerte.










