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Boca cerrada…


José Luis Castillo | 4/12/2012, 5:23 p.m.
Boca cerrada…

Su nombre es Oswaldo Guillén, el entrenador (o mánager) de los Miami Marlins. Su pecado ha sido no haber mantenido la boca cerrada cuando admitió a la revista Time su admiración por el líder cubano Fidel Castro.

Guillén ha tenido que pedir perdón y lo ha hecho, según sus propias palabras, “con el corazón en la mano y de rodillas”.

A todo esto, no solo ha recibido palo por parte de los seguidores al béisbol sino por toda una comunidad cubana disidente que resiente las declaraciones de Guillén, quien ha recibido una suspensión de cinco partidos por parte de su club como medida para “apagar el fuego”.

Lo curioso aquí es cómo hasta en el país “más libre” del mundo, en donde uno se supone que puede decir lo que le da la gana, una declaración de ese tipo genera una reacción en cadena a partir de la fuerza de un grupo de poder.

Porque antes de retractarse, los Marlins habían dicho en un comunicado de prensa que no había “nada que respetar” sobre Castro y lo calificó como un “dictador brutal”.

Guillén, que ahora afirma que Castro es una persona que le ha hecho mal a mucha gente y que no lo admira, tiene antecedentes de ser muy “boca floja” y eso le costó la antipatía en Chicago, cuando estaba en las filas de los Medias Blancas.

Guillén arremetió contra un periodista homosexual, enfureciendo a la comunidad gay.

Pero no importa lo que haya dicho, porque si realmente así lo siente tiene todo el derecho a expresar su opinión, pero lo hizo en el lugar y momento erróneos, donde los cubanos con influencias han puesto todas las carnes en el asador para coartar la libertad de expresión de Guillén al punto de que ha tenido que disculparse en tres ocasiones.

Guillén y cualquier persona en EEUU tiene garantizado ese derecho fundamental amparado en la Constitución, sin embargo, fue víctima de la presión política de los anticastristas, que son buenos para eso.

Es entonces que los Marlins, cuyos directivos piensan monetariamente, decidieron castigar a su mánager y lo obligaron a salir y dar la cara para retractarse.

Sin embargo, más allá del derecho constitucional, la persona debe tener sentido común y saber que las consecuencias de un acto que toca nervio en una comunidad muy sensitiva al tema cuesta caro, y Guillén ya lo sabe.

La pregunta es: ¿cuánto aguantará la comunidad cubana de Miami? Guillén no depende ahora de los Marlins, sino de la presión de una ciudad que no perdona. El mensaje parece ser: “Si no estás de acuerdo con nosotros te vamos a hacer la vida imposible”.

Por El Editor

jcastillo@semananews.com

Twitter: @jcastillocas