“No desaparecen, se mueren”
Marina Gil | 7/13/2012, 3:38 p.m.
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Carlos, inmigrante sudamericano que arriesgó su vida
Houston.- Para Carlos, un inmigrante sudamericano, caminar tres días en medio de los peligrosos terrenos en Falfurrias, Texas, para esconderse de la Migra, es la peor experiencia de su vida, pero la pesadilla más terrible es haber visto a su paso varios cadáveres de inmigrantes como él, pero que nunca llegaron a su destino.
Por eso no vacila en decir que los supuestos desaparecidos, están allí adentro de esos terrenos, algunos quizás sin vida.
“A mí me tocó ver tres muertos, dos ya eran huesos, el otro yo creo que tenía apenas unos días, yo no sé precisar cuánto tiempo, pero era un cuerpo que se veía hinchado, por la ropa puedo decirte que era un hombre, mediana edad, quizá en sus treintas”, platicó, en entrevista telefónica desde Atlanta, donde ahora se encuentra.
Carlos señaló que le hubiera gustado detenerse para ver si encontraba alguna identificación y avisarle a los familiares de esa persona, pero los guías no los dejaron parar.
“Ese cuerpo estaba como a cuatro horas caminando antes de llegar al punto de control en Falfurrias”, precisó.
Relató que su viaje con coyotes (traficantes de personas) inició en Guatemala. Ellos lo ayudaron a internarse por México y para cruzar el Río Bravo lo subieron a una llanta junto con cinco personas, eran las seis de la tarde. Después de cruzar caminaron y corrieron por lugares desconocidos hasta la una de la mañana.
Luego, los llevaron a la ciudad de Donna, allí estuvieron tres días encerrados y mal alimentados, posteriormente los trasladaron a Misión, Texas, donde permanecieron otro día antes de iniciar la aventura por Falfurrias.
El engaño
Los guías nunca les advirtieron sobre la cruda realidad que los esperaba, dice este inmigrante.
La caminata comenzó un miércoles con un grupo de 16 personas y ni cuenta se dio cuando ya iban a su alrededor unos 60, entre ellos cinco o seis mujeres.
Al principio les dijeron que caminarían un día pero al llegar la noche les decían que tenían que continuar.
“Es una verdadera pesadilla, caminamos tres días, soportando el calor en el desierto, tomando agua en los pozos donde toman las vacas, soportando zancudos, moscos, serpientes, arañas, toda clase de animales ponzoñosos”, recordó.
“ No sabes dónde estás pero no te queda otra opción más que seguir caminando, si te detienes allí te quedas, nadie te espera”, describió.
“Al tipo que nos llevaba le gustaba caminar de día porque de noche hay mucha vigilancia, había mucha policía, los perros, las cuatrimotos, los caballos, descansábamos de noche pero teníamos que escondernos pegados en un árbol para que no nos vieran desde los helicópteros que andan vigilando”, indicó.
La comida que llevaban se les acabó en un día, el resto del tiempo caminaron sin alimentarse.
“No había vegetación, eran puros árboles secos con espinas, cactus, serpientes que te pueden hasta matar”, señaló.
“No sabes dónde estás pero no te queda otra opción más que seguir caminando, si te detienes allí te quedas, nadie te espera”.- Carlos.
En este trayecto, describió, “no te puedes comunicar con nadie, no puedes usar celular ni radios para que no intercepten la señal y otra advertencia de los guías es que si nos agarran oficiales de inmigración, corramos lo más que podamos porque es difícil que atrapen a todos”.
El grupo de Carlos llegó completo, al pasar el punto de riesgo los recogieron en una camioneta que los llevó hasta Houston, los dejaron en una casa en condiciones infrahumanas, después los trasladaron hasta Atlanta, donde terminó el contrato.
Carlos recomienda a quienes estén pensando en efectuar ese cruce, que lo piensen dos o más veces antes de arriesgar su vida, en cuanto a él comenta que en caso de extrema necesidad volvería a hacerlo pero ya consciente de lo que se vive en ese peligroso trayecto.










