Nuevo México: herencia, arte y cultura
Hernán Gabriel D. | 6/8/2012, 11:56 a.m.
Houston.- Los primeros pobladores de estas tierras ocuparon las montañas y la zona alta del desierto por miles de años. Los colonos españoles llegaron desde México a finales del siglo dieciséis y por más de doscientos años, Nuevo México fue parte del imperio español. En 1851 se convirtió en parte del territorio de los Estados Unidos, siendo reconocido como el cuadragésimo séptimo estado de la unión.
Esta breve explicación es imprescindible para comprender nuestro más reciente viaje por las ciudades de Albuquerque y Santa Fe, en donde las edificaciones emergen como una continuación de la tierra, erigiéndose en tonos terracota y arena que comulgan con el desierto.
A solo dos horas de vuelo desde Houston, el primer destino es Albuquerque, un asentamiento militar en el Camino Real, que unía a Chihuahua, México y Santa Fe y que fue fundada en 1706 por una comunidad agrícola.
Nada mejor que llegar a la más antigua de las cuatro zonas históricas de la ciudad, el sitio del asentamiento original llamado Old Town, que espera al viajero con sus construcciones de antaño que conservan las galerías exteriores sostenidas por gruesas vigas de madera y coloridos marcos en sus puertas y ventanas.
En los escaparates se aprecia la riqueza artesanal del lugar, galerías de arte nativo y otros artistas del Suroeste; pinturas, esculturas, bronces, cerámica y una extensa variedad de joyería hecha a mano por los nativos.
Otra de las atracciones principales es la iglesia San Felipe de Neri, cuya fachada sur ha sido mejorada para recibir a los visitantes. En el interior, la tradición cristiana se evidencia en todo su esplendor con figuras de santos, revestimientos y detalles dorados y terminaciones en mármol y madera maciza. Al salir de la iglesia es obligatorio un paseo por la plaza Santa Fe, donde los cazadores de piezas únicas estarán en su ambiente.
El lugar ideal para hospedarse es el hotel Albuquerque perteneciente al grupo Heritage Hotels & Resorts, ubicado a solo unos pasos del Old Town y del distrito de museos. Su dueño, James M. Long, tiene una visión única de incorporar a través de la arquitectura, decoración interior y cocina, las influencias históricas y culturales de los nativos, de los españoles, de los mejicanos y del suroeste americano.
Cuando llega la noche se pueden disfrutar allí mismo de los clubes nocturnos el Qbar y Casa Esencia. (www.hotelabq.com)
Por los caminos
Viajando hacia el norte, a menos de una hora llegamos a Santa Fe, en donde el color del adobe de las edificaciones se alza como baluarte inerte de un pasado presente donde pareciera que el tiempo se ha detenido.
En este lugar aún se encuentran pasillos de ladrillo que conducen a patios escondidos donde las viejas edificaciones, que conservan la fortaleza de sus mejores días, dan albergue a las numerosas galerías, restaurantes y museos que hacen del recorrido una exquisita experiencia.
Nos alojamos en los hoteles Saint Francis (www.hotelstfrancis.com) y Chimayó (www.hotelchimayo.com) y de inmediato notamos la influencia en el estilo de Heritage Hotels & Resorts y James M. Long. Desde los cobertores de las camas y los muebles, hasta las decoraciones talladas en madera, muestran un fuerte arraigo a la fe católica y a las tradiciones de los primeros pobladores de la zona.











