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Destinos: Kiev, apasionada y ortodoxa

Boris Klimenko | 6/18/2012, 11:19 a.m.
Destinos: Kiev, apasionada y ortodoxa
El pasado comunista aún está presente en algunos monumentos, pero pesa mucho más el modernismo y los edificios clásicos de corte zarista. Esta ciudad es al mismo tiempo eslava y romántica, oriental y occidental. |

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Catedral de Santa Sofía con sus cúpulas verdes, construida hace más de 1000 años.

Kiev es la capital de la Eurocopa este mes de junio. Cientos de miles de turistas viajarán a Ucrania para animar a sus equipos, pero también para conocer una de las ciudades más acogedoras y, al mismo tiempo, más desconocidas de Europa del este. Ciudad que no llega a los tres millones de habitantes, Kiev sorprende al visitante por sus contrastes, el aire festivo, el carácter abierto de sus gentes y la belleza de sus mujeres, famosas en el mundo entero.

El centro de la ciudad

En Kiev todos los caminos llevan a la céntrica Kreschatik, una espaciosa avenida que se convierte en un paseo peatonal durante los fines de semana. Es un homenaje al modernismo y, en menor medida, al constructivismo soviético.

Hoteles, bancos, teatros, centros comerciales, edificios oficiales y de viviendas con numerosos restaurantes, boutiques, pastelerías y cafés en sus plantas bajas integran su alegre paisaje urbano.

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Monasterio Pechorski.

A lo largo de sus 1200 metros, protegidos constantemente por la sombra de los árboles, se encuentran tres plazas y el colorista mercado de abastos de Besarabia, donde se pueden probar las delicias locales, desde miel, pescado ahumado, embutidos o requesón. Esta calle es un buen lugar para el descanso, ya que sus restaurantes Dva Gusí (Los dos gansos), Kazázskaya Uteja (Consuelo Cosaco) o Puzata Jata (Casa Barriga), ofrecen la clásica cocina ucraniana, en la que destaca sobre todo el borsch (sopa de remolacha), los varéniki (pasta rellena de requesón o frutas, principalmente guindas), el salo (tocino), las kotlety po kievski (pechugas de pollo empanizadas rellenas de mantequilla), los verguní (buñuelos dulces) o el gorilka, el vodka local. Para desplazarse por la ciudad está el metro, que se hunde bajo la tierra hasta causar claustrofobia y no cubre toda la ciudad, por lo que uno puede recurrir a los encantadores tranvías o a los espaciosos trolebuses.

Sitios sagrados

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El mundialmente famoso pollo a la Kiev.

De visita obligada es el Pechurskaya Lavra (Monasterio de las Cuevas), al que los muros hacen parecer una fortaleza inexpugnable. Este monasterio, el más antiguo de Europa del este, se encuentra en un alto, que lo convierte en un inmejorable mirador.

La Catedral de Santa Sofía, construida hace casi mil años con estilo bizantino, está coronada por cúpulas verdes. En su interior se exponen varios íconos que datan del siglo XI y frescos medievales. También merecen una visita la Basílica de San Miguel, famosa por sus cúpulas doradas; la Iglesia de San Andrés y la gótica catedral de San Nicolás, que fue construida en el siglo XX, justo antes de la revolución bolchevique, para atender a la comunidad católica.

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Avenida Kreschatik.

Sus ríos

Kiev está serpenteada por varios cursos fluviales, aunque ninguno como el Dniéper, que hace parte de la conciencia colectiva ucraniana y divide la ciudad en dos.

Las mejores vistas de este caudaloso río de más de 2200 kilómetros de largo se encuentran en Krasni Dvor (la Puerta Roja) y en la Colina de Vladimir, a los que se puede llegar en funicular. Es precisamente en esta colina en donde el visitante se topa con una estatua del príncipe y santo del mismo nombre con una cruz, en honor a que fue él quien firmó el decreto que convirtió al reino de Rusia al Cristianismo.

Además, si el calor aprieta se pueden disfrutar las playas fluviales repartidas por sus numerosas islas, como Venetsianski, o el parque Peremohy, Victoria. /EFE

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