Bajo sospecha
José Luis Castillo | 6/27/2012, 1:10 p.m.
La expresión encierra el contenido de un envase semivacío y turbio llamado política migratoria que en este país, que se jacta de ser una nación construida por inmigrantes, está más que resquebrajado y en peligro de nunca arreglarse.
Ahora, más que nunca, una reforma migratoria es una necesidad latente. Si ayer era prioritario, hoy es inminente. Es el momento para que los grupos que defienden a los inmigrantes saquen la casta y presionen como no lo han hecho para lograr un cometido, aquel que claman millones de personas que se encuentran en la irregularidad.
Y es imperiosa e inaplazable la determinación de abogar por una solución a corto plazo, por las consecuencias que deja el fallo de la Corte Suprema de Justicia en torno a la ya célebre ley HB1070 (ver página 12 para más detalles).
Con esa decisión, el procedimiento que utilizarían los agentes de policía de Arizona, en un principio, pondría en peligro al inmigrante, sin dudas. Porque la Corte asegura que el sistema actual en vigor, mediante el cual la policía de un estado puede pedir a la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) que verifique el estatus de un sospechoso de ser indocumentado, se debe seguir aplicando.
A pesar de que “un estado no puede invadir la competencia del gobierno federal en política de migración”, según la sentencia, sí tiene derecho a autorizar a los miembros de la policía a exigir los documentos de identidad a los que se sospecha son indocumentados.
El dilema es el de siempre: ¿cómo diablos podrán reconocer a un “sospechoso de ser indocumentado”?, ¿porque está nervioso y no domina el inglés?, ¿por el color de su piel o porque no tienen consigo una licencia de conducir?, ¿es eso acaso suficiente para “sospechar”?
En la sentencia se señala algo que parece más bien una contradicción cuando se dice que buscar o lograr un trabajo en Estados Unidos sin papeles en regla no es un crimen, como pretendía la ley en mención, sino un delito que ya es sancionado adecuadamente a nivel federal.
Entonces, si es así, ¿porque otorgarle mayores poderes a la policía en una labor a la cual se entregarán con los ojos vendados a un territorio desconocido? A pesar de que el gobierno de Barack Obama se empeñe en decir que defenderá y concentrará sus recursos para que no se cometa discriminación racial, lo cierto es que no lo va a poder hacer. En un país, especialmente en el Sur, donde no hace mucho algunos estados prohibían a los afroamericanos mantener los mismos derechos civiles que los blancos, todo es posible.
Por eso, lo único que queda es que el Congreso reabra el debate migratorio y no lo archive en el estanque del olvido y se entregue al deseo político de quedar bien con cierta parte del electorado. Es ahora o nunca.
Por El Editor
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