Orgullo americano
José Luis Castillo | 6/28/2012, 9:40 a.m.
Houston.- Javier García, de 60 años, es originario de Coahuila (México), y está casado con su segundo matrimonio. La vida le ha dado cuatro hijos, todos varones: uno de 35, el segundo de 33, uno de 27 y el último de 23 años de edad. Nunca se ha interesado en la vida militar y por eso cuando el tercero de sus hijos, Erik, decidió que seguiría una carrera en las fuerzas armadas, la noticia lo agarró de improviso.
“Fue una decisión muy suya, nadie intervino para nada y claro, me sorprendió porque se trata de su futuro. En la familia no hay nadie que haya sido militar”, comentó García, vendedor de oficio desde hace varias décadas.
Que un hijo suyo optara por la vida militar fue importante para la familia en pleno.
“Y siempre que a él lo destacan a una ‘misión’ (combate), uno se prepara para lo peor porque uno nunca sabe, a pesar de que somos conscientes de que va bien preparado. Gracias a Dios no le ha pasado nada, ni una sola herida”, sostiene García, como agradecido con el destino.
Aquellas noches en las que Erik se encontraba en combate y sonaba el teléfono en su casa de Houston, eran las más angustiantes. Según García, ser militar es una carrera delicada y muy sacrificada, aunque tiene sus ventajas, como la admiración de la gente que agradece el esfuerzo de los que defienden al país.
“Cuando vino de Afganistán, la gente en la calle, en el vecindario, le agradecía por el aporte valioso como soldado”, recordó.
“Yo estoy orgulloso de él porque es importante lo que ha logrado; defender los colores de su bandera, de la patria que lo vio nacer y lo vio crecer”, recalcó García, quien siempre porta un estuche con las fotografías de su hijo militar.
Los estados de California, Florida y Texas son los que más combatientes hispanos concentran en las fuerzas armadas de EE.UU.
Aporte
Después de nueve años desde que se enlistó en la Marina de EE.UU, Erik García es hoy médico militar y se encuentra destacado en un hospital en Pensacola (Florida).
“Quería viajar y experimentar qué se siente conocer el mundo. Pero principalmente porque quería defender a mi patria”, indicó Erik, quien a través de la vida militar ha obtenido un grado asociado en ciencias aplicadas.
Desde que ingresó en la Marina, Erik ha librado varias batallas en Afganistán (en 2008, 2010 y luego en 2011), lugar donde ha visto las peores imágenes que la vida le ha podido ofrecer, siempre como médico de una brigada. Para él, se trata de un sentimiento de compañerismo porque mientras cuida a los que resultan heridos en acción, sus compañeros velan para que a él no le pase nada.
“Cada vez que regreso de la guerra siento que debería estar nuevamente allá, ayudando a mis compatriotas”, comentó.
Explosiones
Una de las atrocidades más comunes que Erik ha podido observar –y lidiar como médico – ha sido atender a soldados víctimas de los llamados explosivos improvisados, unos artefactos caseros fabricados con mecanismos detonantes que se han convertido en el arma homicida más común en el Medio Oriente.










