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Por un objetivo


José Luis Castillo | 5/3/2012, 11:18 a.m.
Por un objetivo

Es cada vez más común que las calles de las principales ciudades de Estados Unidos se vean invadidas por gente que busca a través de protestas un sinnúmero de objetivos a favor de la comunidad.

Muchos creen que las marchas ya no tienen la fuerza de hace unos años y pueda que tengan razón. Pero no debe importar. Si hay 20 personas o un millón y generan una manifestación con una razón lógica, pueden hacer la bulla que quieran y defender sus derechos o los de los demás.

Es verdad, atrás quedaron las marchas multitudinarias del 2006 en donde se pedía una pronta reforma migratoria que le diera un camino a la legalización de los 12 millones de indocumentados de entonces.

¿Acaso eran otras épocas? ¿Si hace seis años las marchas de protesta tenían mayor cobertura mediática por qué eso ha cambiado? Hay apatía e incredulidad de parte de cierto sector sobre si ese sistema en realidad funciona.

Pero no hay que olvidar que los que participan en esas movilizaciones muestran un compromiso cívico único que es digno de admiración.

El pasado 1 de mayo, en pleno día internacional del trabajo, miles de personas se congregaron para solicitar principalmente la legalización de los millones de indocumentados y exigir que se trate con justicia a los trabajadores que son víctimas de atropellos.

En Houston, aunque el número de participantes no fue alto como en otras ciudades del país, los pocos que hicieron acto de presencia demandaron también que las legislaciones migratorias impidan la separación familiar por el estatus migratorio.

Y aquí es donde queremos poner énfasis, en la frustración de muchos niños y jóvenes que se han quedado al cuidado de parientes o amigos porque sus padres - o uno de ellos- resultaron deportados.

De todas las peticiones que deberían ser tomadas en consideración por la clase política se encuentra la de no expulsar a un individuo sin antecedentes criminales y más aún cuando hay niños de por medio.

Hace falta también que se genere una campaña educativa sólida para demostrar a los que se oponen a una legalización sobre las secuelas que produce en el menor el abandono de un padre o madre.

Porque hay que analizar la situación desde esa perspectiva. ¿Qué culpa tienen ellos? ¿Si sus padres son tratados como si hubieran cometido un delito entonces ellos también tienen que recibir la misma sanción? Entonces sería lo mismo que criminalizar al hijo de una persona acusada de robar un banco. Absurdo, ¿verdad?

Por El Editor

jcastillo@semananews.com

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