

El Banco de España elevó este martes su previsión de crecimiento económico para el próximo año, reforzando la posición del país como una de las economías más dinámicas de la zona euro. Sin embargo, el aumento del coste de la vida continúa presionando los presupuestos de los hogares, lo que hace que la recuperación se perciba de forma desigual entre la población.
Según el banco central, la economía española crecerá un 2,9% en 2025, frente al 2,6% estimado anteriormente. Para 2026 se prevé un crecimiento del 2,2%, y para 2027 del 1,9%.
No obstante, para muchos ciudadanos esta mejora sigue siendo más visible en las estadísticas que en la vida cotidiana, ya que los precios de los alimentos y otros bienes básicos permanecen elevados y los incrementos salariales no han compensado plenamente el impacto de la inflación.
Aun así, España destaca frente a la desaceleración general de la zona euro. La fuerte demanda interna, la recuperación del turismo y la llegada de importantes fondos europeos de recuperación han sostenido la actividad económica. El aumento de la población impulsado por la inmigración también ha contribuido a mejorar el consumo y a ampliar la fuerza laboral.
El Banco de España señaló que en el último trimestre del año la actividad económica creció entre un 0,6% y un 0,7%, en línea con el ritmo observado durante el verano.
En cuanto a la inflación, se espera que descienda al 2,1% en 2026 y al 1,9% en 2027, después de situarse en torno al 2,7% este año. Sin embargo, para millones de familias la cuestión clave no es solo la desaceleración de los precios, sino si los salarios lograrán finalmente cerrar la brecha con el coste de la vida.
El elevado coste de la vivienda y de los alimentos, la débil recuperación de los salarios reales y un mercado laboral centrado en servicios de baja productividad hacen que muchos hogares se sientan hoy peor que en 2022, cuando la inflación alcanzó su punto máximo.
Aunque los salarios nominales han aumentado, los ingresos reales en España siguen por debajo de los niveles previos a la pandemia, a diferencia de varios países vecinos de la Unión Europea y de la OCDE, donde el poder adquisitivo ya se ha recuperado por completo.
Según datos oficiales, el salario neto medio mensual en España fue de 2.001 euros en 2024. En grandes ciudades como Madrid y Barcelona, el alquiler medio mensual de un apartamento completo oscila entre 1.200 y 2.500 euros, de acuerdo con el portal inmobiliario Idealista.
La OCDE señala que el salario mínimo en España supera el 60% del salario medio neto, lo que implica que una gran proporción de los trabajadores percibe ingresos similares y que el grupo de rentas altas es relativamente reducido.
Aunque la inflación se ha moderado, el poder adquisitivo sigue resentido. Datos del Banco de España muestran que desde 2020 los precios de los alimentos han aumentado cerca de un 30%, muy por encima del crecimiento salarial en el mismo periodo.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó de fuertes subidas de precios entre enero y noviembre en productos básicos: los huevos se encarecieron un 30%, el café un 17%, la carne de vacuno un 15,6% y el chocolate más de un 13%.
Economistas advierten de que la presión inflacionaria está cada vez más vinculada a factores internos que a la energía, con precios en los sectores de turismo y hostelería creciendo más rápido que la media de la zona euro y con márgenes empresariales en expansión.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconoció a comienzos de mes que la economía avanza en la dirección correcta, pero subrayó que el poder adquisitivo de los hogares sigue siendo frágil.
Según un informe de Reuters, el Ministerio de Economía señaló que los continuos shocks desde la crisis financiera de 2008 han generado una sensación de inseguridad económica que no siempre se refleja en las cifras de crecimiento y empleo. El ministerio añadió que entre 2019 y 2024 el aumento del poder adquisitivo fue cinco veces más rápido que en el anterior ciclo expansivo y que se están adoptando medidas para aumentar la oferta de vivienda asequible.
No obstante, los expertos alertan de que, sin un aumento sólido de la productividad o una mejora más rápida de los salarios, la brecha entre el buen desempeño macroeconómico de España y la situación financiera real de los hogares podría persistir.



